Etapa 2

FRANÇAIS

Lunes17 (Jaca - Artieda)

Un día fascinante. Si, he podido hacer el desvío a San Juan de la Peña: para hacer estos 12 km cuesta arriba, dejé las alforjas (11 kg) en el hotel Aragon, en el cruce.

Primero, a mitad de camino, está la iglesia de Santa Cruz de la Serós, misteriosa con su escalera en el muro, su alta torre y el espacio encima de la nave donde se escondían las monjas. Como varias iglesias de la región, parece construida tanto para la defensa como para el culto.

Iglesia de Santa Cruz de la Serós  

Los seis kilómetros restantes son durísimos: las cuestas son empinadas, pero sobre todo el viento sopla fuertísimo! Tengo que caminar al lado de la bici durante al menos dos kilómetros.

San Juan de la Peña está abandonado desde hace mucho tiempo, lo que no me extraña: está a unos 25 km de la ciudad más cercana, lejos en el monte, nunca ve el sol y los inviernos aragoneses son duros. De acuerdo, es espectacular: su claustro tiene a modo de techo una pared rocosa casi horizontal de unos veinte metros. Los capiteles historiados del claustro están muy finamente tallados (www.monasteriosanjuan.com/primera1.htm).

En el camino a San Juan
de la Peña

De vuelta a la carretera, tengo que afrentar un viento más y más fuerte, que me acompañará durante tres días, me daña las rodillas y casi me obliga a abandonar… Una primera subida de 8 km me hace comprender que las cuestas del Outaouais, cera de Ottawa (sube 200 m, baja 200 m, y vuelve a subir) no me han preparado para lo que tendré que vivir hasta el final. Hoy, en el LLANO, me cuesta a veces ir a 7 km/h.

Decido pernoctar en Artieda, con 70 habitantes. Como voy por carretera y no por el camino de andar, significa un desvío de 4 o 5 km; mientras voy subiendo por la interminable pendiente, me pongo a esperar que mi guía está al día, que de hecho hay un albergue en lo alto de esta cuesta, que está abierto, que hay algo de comer, que habrá otros peregrinos para compartir los desengaños y las maravillas del Camino …

Al principio, nadie contesta. No me queda otra solución que seguir hasta el próximo refugio, a unos diez kilómetros. Pero acababa justo de emprender la bajada cuando vi a dos peregrinos a pie, que me incitan a volver atrás: ellos han hecho 45 km hoy y no tienen ganas de seguir hasta Ruesta. Un señor nos dice que el hospitalero debe estar haciendo la siesta y así es; después de tres o cuatro llamadas, nos abre.

Mis nuevos amigos, Juan y Javier, son de San Sebastián. Jubilados a pesar suyo, alpinistas de toda la vida, no aparentan sus sesenta años. Aunque son muy amigos, son diferentes: Juan es más serio e intenso; nacionalista y enamorado de su idioma, conoce bien la realidad quebequense, e intercambiamos mucho sobre el tema; Javier es jovial, vividor, siempre listo para tomar la próxima cerveza. Debaten de todo, creo que no hay un tema en el que estén totalmente de acuerdo. La cena es muy divertida.

El albergue está hecho a la medida del pueblo, pequeñito. Dos habitaciones de cuatro camas. La primera es ocupada por un peregrino holandés huraño; decidimos compartir la segunda. Me instalo en una de las camas altas. Me parece un poco extraño compartir la habitación y el cuarto de baño con dos desconocidos hace apenas cuatro horas… Son verdaderos caballeros, y no roncan. (Yo sí, creo…)

Pueblo abandonado de Aragon

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