Etapas 4/5

FRANÇAIS

Miércoles 19 (Monreal - Obanos - Pamplona)

El camino del puerto de Somport es uno de los dos caminos principales que van de Francia a Santiago. El otro pasa por Roncesvalles, más al oeste, y atraviesa Pamplona. Los dos se juntan en Puente la Reina.

Hoy, hago el tramo Monreal - Obanos (cerca de Puente la Reina), y tomo el otro camino, pero al revés, en dirección de Roncesvalles, y me paro en Pamplona.

Debo subir contra el viento uno de las cuestas más difíciles del Camino, el Alto del Perdón. Siento que si quiero seguir, debo tomar un día para descansar mis rodillas.

Antes de Obanos, visito la iglesia Santa Maria de Eunate, pequeña y octogonal, misteriosa joya del arte románico.

Calle de Pamplona

En Pamplona, la frustración es doble: primero los ciclistas no tienen acceso al refugio, los hoteles están llenos y me lleva dos horas encontrar una habitación. Segundo, Míchel, miembro del foro que debía encontrar esta tarde, tuvo que ausentarse de la ciudad. Pero estará mañana, lo que me obliga a quedarme un día para descansar. De todas maneras, la ciudad vale la pena.

Jueves 20 (Pamplona)

La catedral de Pamplona tiene algo esquizofrénico: el interior es gótico, pero la fachada es neoclásica (masiva y sin ornamentación). Como dicen Gitlitz y Davidson: "Fans of this style praise the harmonious proportions, the intrplay of forms of the colonnaded portico… " Pero el estilo sufre de la comparación con las joyas románicas y góticas que se ven a lo largo del Camino.

El claustro es una maravilla de delicadeza (" It has been called the best exhibition of French Gothic style in Spain and one of the finest cloisters in Europe ", Gitlitz y Davidson).

Estoy sorprendida de cuánto disfruto visitando catedrales, iglesias y museos, aprendiendo los estilos arquitectónicos, conociendo los escultores… Como reacción contra una educación hipercatólica, nunca me había interesado el tema y siempre visité las iglesias a toda velocidad, sin profundizar. Con su erudición y su sentido del humor, Gitlitz y Davidson me ayudaron a descubrirlas y a descifrarlas.

¡Cómo me hubiera gustado ver a los obreros trabajar! Por ejemplo, quedé un buen rato delante del retablo de la iglesia San Miguel, que debe tener veinte metros de alto, tratando de imaginar como fue posible, técnicamente, en el 1200…

Por la tarde, me encuentro con Míchel, que vive y trabaja en el casco antiguo, al lado de la plaza principal. Una de las cosas que siempre me sorprende en las grandes ciudades españolas es el número de gente que vive en el centro. En esta plaza, aparte de la oficina de turismo y de grandes edificios, hay una escuela primaria de gran tamaño. En las callejuelas alrededor, se ve ropa secando en las ventanas. Parece haber gente de todas las edades.

Michel es un " bicigrino " que invita a los peregrinos del foro a llamarlo si llegan a Pamplona. Si tiene tiempo, da la vuelta al casco antiguo con ellos y los lleva al albergue de Roncesvalles. Yo tuve derecho a todo eso, con explicaciones históricas, arquitectónicas s y ciclistas, una discusión sobre literatura sudamericana, una vuelta por los Pirineos. Fue una tarde de ensueño.

Johanne en Roncesvalles

Pasamos por Roncesvalles justo a tiempo para asistir a la bendición de los peregrinos. Al día siguiente, los peregrinos presentes iban a emprender la travesía de España. He aquí parte de este texto tan emocionante: " Sé para ellos compañero en la marcha, guía en las encrucijadas, sombra en el calor, luz en la oscuridad, consuelo en sus desalientos y firmez en sus propósitos; para que por tu guía lleguen incólumes al término de su camino… " A posteriori, me parece un programa muy completo…

Etapa 5

Viernes 21 (Pampelune - Estella)

Pasé Puente la Reina casi sin parar, salvo para comer. Tengo que arbitrar constantemente entre las ganas de pedalear, disfrutando de los inmensos cielos y dejando vagabundear la mente, y las ganas de ver todo lo que hay, de no perderme nada. Pero cada día es más fácil escoger, aceptar que no se puede ver todo, y aceptar también que no es imprescindible llegar a tal sitio a tal hora. Pero queda el hecho de que si me parara en todos los lugares que quisiera ver, no estaría tres semanas en el Camino, sino seis por lo menos.

Pernocté en Estella, donde conocí a Carlos, el hospitalero con bigote enorme, voz de terciopelo y manos de pulpo, que trató de seducirme como si tuviera 30 años menos. Nada mejor para ponerme de buen humor, a pesar de la rodilla que protesta, a tal punto que me pregunto si debiera abandonar. La última vez que sentí este dolor (no es muy fuerte, pero sí muy reconocible), al día siguiente el volumen de mi rodilla había doblado.

El albergue de Estella es muy agradable, con una gran cocina acogedora. Los ciclistas están agrupados en un segundo edificio contiguo, un antiguo establo renovado, con un patio atrás para guardar las bicis y tender la ropa. Un buen arreglo.

Consigo hablar con Ales, y él me prohibe pensar en abandonar. "Irás a Santiago aunque tenga que arrastrarte personalmente", me dice. Vive en Zaragoza, pero está de viaje de negocios no muy lejos de aquí, y nos citamos mañana, para el desayuno.

Tengo todo el tiempo de visitar esta pequeña ciudad muy animada y concentrada, rodeada de picos. Hago la ronda de las iglesias y oigo de nuevo la bendición de los peregrinos, que me arranca las lágrimas.

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Tienda en Puente de la Reina

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